El llamado de una chica de tercera cultura
Mi familia y yo trabajamos en el Medio Oriente. La historia que yo tengo que contar fue de una decisión que tuve que tomar cuando era más joven. Dios me mostró que debía de confiar en él, y que él me iba a poner seguridad en mi familia y que había tomado una buena decisión al irme a ese lugar…Todo empezó porque una amiga local, mi amiga de luz, me invitó a visitar a su familia que vive como a 45 minutos de la ciudad donde nosotros vivimos. Su familia vive en una villa que ellos tienen. Ellos todavía se cubren la cabeza y son muy radicales. Cuando llegamos a esa ciudad sus tías me dijeron, «Vamos a ir a una casa donde nos invitaron a celebrar.» La familia de esa casa estaba celebrando que había nacido un hijo, era una celebración en familia, entonces invitaron a todo el pueblo a que fuéramos. Era mi primera vez, en mi segundo año estando en esa ciudad. Me dijeron: No te preocupes. Vamos a ir a comer y tomamos chai y luego nos vamos. No hay ningún problema. Era algo nuevo, nunca lo había experimentado sola, siempre con mi familia. En ese tiempo estaba yendo yo por una prueba de si me quedaba en esa área o si me regresaba a México.


Entonces fuimos a la casa de esta familia. Nos sentamos a comer. Terminamos de comer y empezaba la gente como a verme porque no parezco su etnia, pero tampoco parezco árabe, ni nada. ¿Entonces me decían, “Eres asiática? ¿Entonces de Turquía? O tal vez de este lado y tal vez del otro.»
Conectando con la gente, me invitaron a que me quedara a tomar chai y después para la celebración. Entonces tomamos el chai. Estábamos solo las mujeres de un lado y los hombres de otro. Entonces todas las mujeres empezaron a sentar alrededor de unas 7 sillas y las señoras más grandes se iban a sentar ahí, la abuelita se iba a sentar en medio, y las nietas y todos alrededor de ella, y todos los demás que no éramos parte de la familia alrededor de ellas en el suelo. Entonces estábamos como en hileras en ese cuarto pequeño y yo me quedé exactamente en medio de ese lugar y toda la gente alrededor mío. Las puertas de salidas estaban muy lejos de mí.


Entonces la familia empezó a tocar y a leer el Corán. Estaban leyendo una porción de Jesús. La señora leía el Corán y estaba hablando de Isa, que es Jesús en su idioma, y mientras estaban tocando el palmero. La señora me veía directamente y todas me veían y a mí me entró un poco de curiosidad y un poco de miedo porque nunca había estado sola. La señora me veía con una intensidad que me sentía muy abrumada. Culturalmente es de mala educación que te salgas. Me quedé tranquila. En la fila donde yo estaba, las señoras se empezaron a mover como si estuvieran exorcizadas. Primero una se empezó a mover así, como sí tuviera un mal espíritu dentro. La señora que estaba al lado de ella empezó a hacer lo mismo. Yo era la que sigue, entonces empecé a orar y yo decía, «Señor, perdónalos porque ellas están aquí adorándote, pero están adorando a un dios falso.» Con tantas emociones que tenía en ese momento me puse a llorar.


La niña de la familia donde iba a quedarme me dijo, «No llores, no llores, todo está bien. Esto es normal. Ellas solo hacen esto por show, nada más, para ver qué ellas son muy buenas musulmanes. No te preocupes.» Yo estaba muy nerviosa y yo decía, «Señor perdónalos porque no saben lo que están haciendo. Yo quiero estar aquí pero no sé cómo mostrarles tu amor.» La niña me dijo, vente, vamos a salirnos.
Me salí, y estaba muy intensa la situación. Les hablé a mis papás que me daba mucha tristeza porque ellas estaban hablando de Jesús, pero no están hablando de mí Jesús. Mi amiga me preguntó a mí, ¿Por qué era así? Estamos hablando de Jesús. Jesús es un profeta más…Le dije que, «Jesús del que se está hablando no es mi Jesús. Ustedes no conocen a mi Jesús. Mi Jesús es bueno.» Les empecé a hablar de Jesús y ellos me decían, «No llores, todo está bien, no te preocupes. Las señoras están locas, por eso se mueven así.» Yo tenía como esa sensación de contarles más pero lamentablemente no podía abrirme con ellas y predicarles.

Me quedé con eso de que Dios podía usarme si yo ya había pasado por esa situación, y saber que había mucha gente que no sabe realmente lo que está leyendo en el Corán o lo que está diciendo quién realmente es Dios. Dios me podía usar de alguna manera ahí, entonces ya esa noche me quedé ahí con ellas. Mi padre dijo que, «Te vamos recoger,» pero yo dije que, «No, no, no, está bien. No se preocupen. Creo que voy a hacer más y de mejor bendición si me quedo, a que me vaya y que digan, ‘Ay a esa cristiana le dio miedo.’ »
Entonces ya me quedé yo dos noches más porque era diciembre. Había mucha nieve y no me podía regresar a mi casa. Dije, «Pues, Dios, tú sabes porque me tienes aquí. Que yo sea de ejemplo o sea si ellas vieron algo que como que les impactó.»

Ya mi amiga me contó su papá antes era policía y él investigaba todos los homicidios. Entonces él decía, «Yo no creo en el islam porque ¿Cómo puedes matar a una mujer? y ¿Por qué normalmente los homicidios que el había investigado eran de mujeres que de repente se morían y nadie sabía por qué, o accidentes que tenían las mujeres? y le decía ¿Por qué siempre atacan a las mujeres? y si un hombre realmente es un hombre ¿Por qué lastima a su mujer? ¿Por qué nosotros tenemos que tener cuatro esposas?»
Entonces él nunca le enseñó a ella a ser musulmán. Cuando ella estaba más chica él le regaló una biblia. Su papá nunca quiso que ella fuera musulmana. Hasta ahorita todavía seguimos siendo amigas. Ya tenemos 12 años de amistad. Ella es abierta. Ella iba a la iglesia y todo, pero realmente no ha aceptado a Cristo. Yo sigo orando por ella todos los días, pues yo sé que algún día ya va a venir a los pies de Cristo. Esa es mi historia, es la que más me impactó de quedarme allá en el mundo musulmán.